Rozando el Absurdo

Una llamada a la cordura no demasiado convincente

Nueva dirección

18.08.07

Cambios por todas partes. Nuevas perspectivas. Tareas INMENSAS por hacer. La nueva dirección de este sitio: http://mrdaine.wordpress.com

No la pierdan, que a lo mejor en un futuro la necesitan. Chi lo sa.

Dije un día que Jason Statham era el nuevo Bruce Willis. Me equivoqué (botón derecho + guardar como, en el VLC se ve de putifa). Y podrán decir “qué topico, el villano loco, el tipo guay y la buenorra que sólo sale enseñando cacho” y yo les diré “a cagar“.

Cuanta razón

27.07.07
cartoon-character.jpg
(Sacado de aquí.)


Buick, Haight Street

Esta foto pertenece a heather.

Me he comprado una SX-70, que es un icono dentro del mundo polaroid. Este mundo parece ir desapareciendo si se fija uno en las tiendas, pero en internet existe otra realidad en la que lo digital no gana tanto terreno como parece al mundo de lo analógico. Lo interesante es que no es una llamada a lo retro, sino a que se pueden seguir haciendo cosas fantásticas con elementos tradicionales. La revolución cultural de este siglo, ya lo verán, va a ser la de volver a las raíces. La culpa la tiene el puto iPhone, aunque yo, sinceramente, me mantengo en una postura neutral, que es la de aprovechar los beneficios que da cada cosa. Oportunista, sí, pero de ellos será el Reino de los Cielos. Y si no, al tiempo.

(La foto no es mía, sino de una de las grandes personalidades de flickr y la comunidad on-line fotográfica. Lo mío es más humilde.)

La opción clásica es meterse con Michael Bay. Pero Michael Bay no tiene la culpa de que Transformers sea, ojo al dato, bastante aburrida. Ni es el guión, ni los personajes, ni los efectos. Es, simplemente, que todo encaja en no ofrecer nada muy interesante.

Seamos serios: una película en la que el villanazo sale cuando ha transcurrido una hora de metraje es una película que falla en algo. Sí, hay robots gigantes atravesando autobuses por la autopista, y militares pensando que la estratagema más segura es meterse en una ciudad llena de civiles a esperar a que los robots gigantes lleguen. Pero no encaja. Cuando llega el momento de las toñas, a servidor le ha aburrido ya ver cómo los susodichos robots gigantes son meras autoparodias. Me mola, me encanta la escena en la que aparece Optimus Prime, pero si diez minutos después el héroe de mi infancia se dedica a jugar al escondite en casa del protagonista, se va todo un poco al carajo. No me hablen de agujeros de guión, ni de los diseños de los Transformers, ni de las toneladas de detalles que se sacan siempre de una película de acción para denostarla y negarle las pocas -que ya son muchas- glorias que pueda tener.

No me importa que se juegue a los tópicos, siempre y cuando no inunden la pantalla y retrasen lo que todos hemos venido a ver. Y el hecho de que Megatrón salga al final de la película es un indicio de ello. Michael Bay, además, recicla escenas y conceptos tocados en otras de sus películas. Todo suena a visto. Los militares, los protagonistas pardillos, el gobierno, todo. Sólo imaginen lo que hubiera pasado de tener esa última hora de principio a fin. Una pena, penita, pena.